La crisis de la salud: ¿y si la entendemos de otra manera?

Votamos para segunda vuelta y uno de los temas con mayor influencia en la decisión de los votantes parece haber sido la “crisis de la salud”. La reciente columna De cara a la segunda vuelta: del discurso político a la evidencia técnica, de este mismo portal, mostró un análisis concienzudo del fenómeno actual y de las propuestas que tuvieron los dos candidatos presidenciales a ese respecto. Por supuesto que mi corazón está a la izquierda desde siempre y con mi voto respiro tranquilamente. Pero hoy quiero mostrar las razones por las que uso las comillas para “crisis” y “salud”.
Mi mamá y mi hermano mayor requieren ciertos medicamentos de uso permanente que hemos tenido de comprar de nuestra cuenta prácticamente todo el último año, y también tuvimos que someter a mi mamá a una cirugía especial de cierta urgencia con recursos propios. Ustedes solo tienen que mirar a su alrededor para encontrar historias similares por todas partes. Un hospital muy querido en Antioquia —la antigua clínica León XIII del seguro social, hoy Hospital Alma Mater de Antioquia— atraviesa uno de sus peores momentos en medio de la falta de todo tipo de recursos e incluso sin los salarios para el personal a cargo de la institución. De manera que los problemas en la atención y la prestación de los servicios en salud son evidentes y graves.
Pero no son nuevos. Ni peores que los de antes. Ahora nos saltaron en masa por todas partes y al mismo tiempo, pero eso no puede hacernos olvidar la cronicidad de una enfermedad social siempre al filo de la navaja: la necesidad de las tutelas, las filas interminables para medicamentos inexistentes, los paseos de la muerte, los carteles de la hemofilia, el SOAT sin dolientes… Este de hoy es otro tipo de crisis. No es menos grave, pero no es lo mismo tener la “crisis” de la intensificación brusca de los síntomas de una enfermedad, que tener la “crisis” del diagnóstico por primera vez de dicha enfermedad. El mundo médico sabe que los síntomas de la exacerbación requieren un enfoque particular e inmediato; pero los síntomas, los signos y las consecuencias de la enfermedad crónica necesitan un abordaje diferente, integral, de largo plazo y que considere también los potenciales efectos adversos de las intervenciones. El extremadamente complejo panorama de las intervenciones en salud y en enfermedad requiere una mirada mucho más allá de la óptica de lo público versus lo privado, teniendo en cuenta el innegable hecho de que los recursos disponibles siempre serán insuficientes para nuestras verdaderas necesidades.
Las segundas comillas, tanto o más preocupantes que las primeras, corresponden a lo que entendemos por salud, porque a esa salud es a la que le estamos poniendo el remoquete de la crisis de la salud del gobierno actual. Este es un panorama mucho más complejo, porque lo único en lo que coincidimos es en lo que NO ES salud: ausencia de enfermedad. La salud no es simplemente no tener enfermedades…pero entonces ¿qué es? Acá viene un largo debate filosófico, social, político y de muchas disciplinas, que atraviesa teorías naturalistas, normativistas, subjetivistas, fenomenológicas y de todo orden.
Probablemente no sea del todo correcto separar el concepto de bienestar del concepto de salud, pero si los podemos entender como una sola temática o si son un continuo de dos entidades diferentes, creo que la conclusión es la misma: aunque no tengamos una definición única de salud, es claro que para ese estado ideal “bio-psico-social” se necesita un contexto y también una decisión personal. Es necesario que el estado y la sociedad ofrezcan sin ambages unas condiciones generales para que se cumplan las necesidades básicas, mínimas y vitales, de toda la población: el agua potable no puede ser un lujo, los árboles y los ríos no deben ser servicios sanitarios, las calles no pueden ser vivienda y las basuras no pueden ser fuentes alimenticias para un ser humano.
La educación y la cultura no son solamente el corazón de una sociedad. La educación en salud y la cultura del cuidado también son herramientas básicas para el buen vivir: lo que debemos saber acerca de la actividad física regular y la alimentación saludable, los mitos y las realidades acerca de cierto tipo de alimentos y la obesidad, los graves problemas relacionados con el consumo de tabaco, alcohol y demás sustancias recreativas. Los hábitos de vida saludable requieren de un entorno educativo muy amplio, detallado pero personalizado, que sea capaz de actuar en la infancia, la adolescencia y en los núcleos familiares. Acá también hay una decisión personal, por supuesto, que se debe respetar en la medida en que sea tomada con completo conocimiento de las causas y las consecuencias de cada acción. Pero, ¿cuántas muertes, enfermedades y años de mala calidad de vida podemos evitar, si evitamos también el cigarrillo, la comida chatarra, la vida sedentaria y los excesos de todo tipo?
Sí, tenemos, nuestra sociedad tiene graves problemas de salud que debemos atender desde sus raíces, pero, ¿estamos hablando realmente de la misma “crisis actual del sistema de salud” que parece preocuparnos tanto?