Desindustrialización, educación superior y subordinación

Un análisis de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) con base en datos del DANE reveló que, entre 1970 y 1986, la tasa promedio de participación de la industria manufacturera sobre el total del PIB fue del 21,8%. Esta se redujo progresivamente, para situarse en un 12,6% para 2011. En la revista Ensayos de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, Quijano y Guevara demostraron el declive sostenido en el porcentaje del empleo existente y en el PIB generado por la industria manufacturera entre 2005 y 2017 en Colombia. Buendía y colaboradores ratificaron la desaceleración continuada del sector industrial del país, en el periodo 1970-2010 (Revista CIFE, editada por la universidad Santo Tomas).
El atraso científico, tecnológico y productivo así como el debilitamiento del músculo industrial tienen sus raíces en el siglo XIX cuando las nuevas naciones nacen atrapadas en las telaranas del Imperio británico. La soberanía nacional fue enajenada por los tildados libertadores, quienes en el marco de la dialéctica de imperios, que confrontaba al imperio depredador británico con el imperio español, se promovió y patrocino la guerra civil en los virreinatos hispánicos que condujeron a su balcanización1, favoreciendo los intereses de la monarquía imperial anglosajona, la subordinación de Iberoamérica se ha sostenido en el tiempo con los EEUU relevando al decadente imperio británico. En ese momento, las 13 colonias alcanzan su insubordinación fundante de la metrópoli (4 julio 1776), lideradas por George Washington y Alexander Hamilton quienes impulsaron el proteccionismo económico, inversiones públicas en infraestructura y fomento de su propia industria. La adopción de medidas proteccionistas por Abraham Lincoln (1860), con aranceles altos a importaciones que limitaban la competencia extranjera, principalmente británica, potenció el desarrollo de su incipiente manufactura, iniciada posterior a la independencia. Los confederados del sur comerciaban algodón y tabaco con los ingleses e importaban maquinarias de mejor calidad, más baratas que las producidas en el norte industrial, la política proteccionista incrementaba los costos de los productos adquiridos en el extranjero, representando un factor de conflicto. Lincoln los acuso de probritánicos, librecambistas y entreguistas de la nación. Su derrota permitió reforzar la insubordinación fundante.
En Colombia, resultado de la sumisión a intereses foráneos, en la década de los 80 del siglo XX se implantó una brutal apertura económica que apresuró nuestro declive industrial, triturando la modesta industria manufacturera. La respuesta es una sola, y así lo comprendieron los gobernantes de la República Popular China, desde su insubordinación fundante liderada por Mao Zedong y el Partido Comunista con la consecuente emancipación del sometimiento a la nociva y desastrosa influencia de las potencias occidentales, que le condujo a un vigoroso desarrollo productivo, industrial, tecnológico, educativo e investigativo. He ahí la conexión entre soberanía nacional, desindustrialización y atraso tecnocientífico.
¿Cuál es la prospectiva de la educación superior, considerando los anteriores escenarios, es decir, desindustrialización y subordinación a las elites financieras que nos hacen imposiciones por diferentes medios? Me refiero a estructuras u organizaciones supranacionales (algunas disfrazadas como ONG), como la ONU, UNESCO, Banco Mundial (BM), Fondo Monetario internacional (FMI), Organización Mundial del Comercio (OMC,) o a grupos de elite como el Foro Económico Mundial de Davos, el Grupo Bilderberg, o la Open Society de Soros, o a Corporaciones multinacionales y Organización para la cooperación Económica y el Desarrollo (OECD), entre otras. La política pública en el sector educativo, que debería promover la alta calidad, la investigación, la innovación y una oferta académica según las necesidades nacionales, es totalmente insuficiente e ineficaz si no se conjuga con una política pública soberana con enérgico apoyo estatal en diversas áreas estratégicas, que protejan y transformen el desarrollo agroindustrial, manufacturero, de la industria petroquímica y minero energética, adicionándole valor agregado. Pretender reducir la solución sólo al sector educativo, o atribuirle un efecto milagroso sería una estafa. Es reduccionista hablar de ampliar cobertura, acrecentar la oferta académica y discursear sobre calidad, como lo hacen las colectividades interesadas en liderar los futuros gobiernos. Debe existir, más consecuentemente, una directriz orientada a articular las políticas en torno a un verdadero desarrollo productivo nacional, con indicadores tangibles que permitan medir el impacto de estas políticas, contrarrestando las casi seguras arremetidas de la elites globalistas.
Como lo refiere Marcelo Gullo, politólogo argentino, no podrá existir desarrollo nacional si no se alcanza una exitosa “insubordinación fundante” que incluye una sublevación ideológica (los ingleses promovían el libre comercio para conseguir el desarrollo, contrario a su eficaz experiencia proteccionista) y complementariamente adoptar un fuerte impulso estatal. Esa insubordinación fundante no será posible con organizaciones o dirigentes subordinados ideológica y culturalmente, que reducen sus consignas a generar una polarización con fuerte tinte emocional y reducido análisis racional, desviando el debate nacional del asunto fundamental, que no es otro que combatir la subordinación política, económica, ideológica-cultural, científica, tecnológica e industrial. Es trascendental reconocer cual es la contradicción principal y a su vez identificar las conexiones y desconexiones entre los fenómenos o categorías de la realidad política, como un entramado conocido como Simploke. Este es un término de origen Platónico y adoptado por el filósofo español Gustavo Bueno en la aplicación del método filosófico materialista pluralista para la comprensión y análisis de la realidad. Lo encuentro perfectamente provechoso en el examen dialectico científico de la situación nacional e iberoamericana, conectándola con el contexto geopolítico y geoeconómico global, reflejo de las relaciones entre naciones e imperios, evitando sucumbir en el monismo2 o en el pluralismo radical.
1Desmembración de un país en comunidades o territorios enfrentados(RAE). Implica una división no solo territorial, sino también política y social, que a menudo se basa en diferencias étnicas, culturales, religiosas o ideológicas.
2Concepción común a todos los sistemas filosóficos que tratan de reducir los seres y fenómenos del universo a una idea o sustancia única, de la cual derivan y con la cual se identifican (RAE). Término opuesto al dualismo.