El banco que siempre está al borde de la quiebra

Imagine un banco donde todos esperan poder retirar dinero cuando lo necesiten, pero casi nadie hace depósitos. La sangre funciona exactamente así. Todos asumimos que estará disponible cuando un familiar sufra un accidente, una hemorragia obstétrica o un cáncer. Sin embargo, muy pocos “depositamos” sangre mediante la donación.
En Colombia, el Instituto Nacional de Salud (INS) registra casi un millón de donaciones al año, menos del 2% de la población total (o 5.7% de la población candidata, entre 18 y 65 años). Y aunque en esta analogía, el dinero (representado en los billetes) se puede fabricar con la mezcla de fibras puras con agua y químicos, en el caso de la sangre no hay aún opción de fabricación o reemplazo. Se depende exclusivamente de que tengamos donantes.
Y aquí surge otro problema, porque los donantes además de ser voluntarios deberían ser recurrentes. Un banco se beneficia tanto de los pagos únicos como de los habituales, pero con los habituales existen flujos de ingresos predecibles que garantizan un flujo de ingresos constantes, fortaleciendo la liquidez bancaria. Suena lógico, pero con la donación de sangre, no tanto.
El país tiene 93,8 % de la donación total de sangre voluntaria (como debería ser), pero solo el 27,1 % son donantes recurrentes o habituales. No obstante, la Organización Mundial de la Salud ha sugerido tener más del 95 % de donaciones provenientes de contribuyentes fieles. Es esa periodicidad la que garantiza la seguridad de los pacientes y la eficacia operativa en la red de sangre, lo que para el banco sería la sostenibilidad financiera.
Ahora bien, el riesgo de quiebra en un banco ocurre cuando es incapaz de cumplir con los requerimientos financieros de sus clientes. He sugerido en el título que siempre el sistema está al borde de la quiebra, porque hemos tenido incapacidad en los bancos de sangre (o por lo menos el riesgo). En enero de este año en Bogotá, la Secretaría de Salud reportó riesgo en la atención de más de 7.000 pacientes en hospitales y clínicas de la ciudad ante la disminución del 12 % de las donaciones.
En números, el INS presentó el panorama 2025 de la Red de Sangre con un inventario de 9.166 unidades de glóbulos rojos frente a una demanda diaria de 6.812 y un desafío crítico: las reservas nacionales alcanzan para tres días. Por eso, el banco está siempre al borde de la quiebra. Peor aún, esa quiebra sería segura si se presentaran demandas (crisis, tragedias) mayores.
Cuando un banco está al borde de la quiebra, las autoridades financieras intervienen de inmediato para evitar el colapso. Nadie espera a que los cajeros queden vacíos para actuar. Sin embargo, con la sangre hemos normalizado vivir al límite.
La diferencia es que, en este banco, el recurso más valioso no son los billetes ni las inversiones: son las vidas humanas. Cada unidad de sangre que falta representa una cirugía que podría aplazarse, una emergencia obstétrica más difícil de atender o un paciente con cáncer que depende de una transfusión para continuar su tratamiento.
La sostenibilidad de este banco no depende de mercados, tasas de interés o rescates financieros. Depende de algo mucho más simple y poderoso: la decisión de las personas de donar sangre de manera voluntaria y habitual.
Si todos esperamos retirar cuando llegue la emergencia, pero pocos estamos dispuestos a depositar antes de que ocurra, seguiremos operando con reservas para apenas unos días y al borde de una crisis permanente. Quizá la pregunta que deberíamos hacernos no es si algún día necesitaremos sangre. La verdadera pregunta es: cuando alguien la necesite, ¿habremos hecho nuestra parte para que esté disponible?
Este 14 de junio se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre, aporte su gota o su cuota de sangre.