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Fiebre amarilla en Colombia: una epidemia prevenible que evidencia fallas del estado (Parte 2)

Nota del editor: En la primera parte vimos el contexto y la localización del problema (ver). En esta segunda parte, desarrollamos las posibilidades de respuesta, con sus dificultades y las omisiones que esperamos puedan subsanar los organismos de control. 

Vacunación: disponible, pero insuficiente

Colombia cuenta desde hace décadas con la vacuna contra la fiebre amarilla incorporada en el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI). Se trata de una vacuna gratuita, de dosis única y con eficacia superior al 95 %. Sin embargo, la existencia de la vacuna no garantiza, por sí sola, la protección de la población.

Las coberturas de vacunación presentan profundas brechas territoriales. Mientras en algunas zonas urbanas las coberturas se acercan a los niveles necesarios para la protección colectiva, en áreas rurales dispersas y municipios con alta ruralidad las coberturas son claramente insuficientes. En estos territorios, las barreras geográficas, la precariedad del primer nivel de atención, las fallas en la cadena de frío y la escasez de talento humano limitan la capacidad real de llegar a quienes más lo necesitan.

La respuesta institucional reciente, liderada por el Ministerio de Salud y Protección Social, ha incluido campañas intensificadas de vacunación, alertas epidemiológicas y medidas administrativas para priorizar poblaciones en riesgo. Sin embargo, estas acciones han sido mayoritariamente reactivas, implementadas cuando los casos y las muertes ya se han presentado, en lugar de anticiparse al riesgo conocido.

El verdadero problema es estructural, no técnico

¿Por qué Colombia no ha logrado controlar la fiebre amarilla? La respuesta no está en la falta de evidencia científica ni en la ausencia de herramientas. El problema es estructural.

En primer lugar, los territorios más afectados coinciden con zonas históricamente excluidas del desarrollo social y económico. La alta pobreza multidimensional, la informalidad laboral, la presencia de economías ilegales y la limitada gobernanza estatal crean un contexto adverso para cualquier intervención sanitaria sostenida. El deterioro de los ecosistemas como está pasando en el departamento del Tolima, por el conflicto armado, minería ilegal, desforestación para cultivos de coca y marihuana hacen un espacio ecológico óptimo para la reaparición de la fiebre amarilla selvática.

En segundo lugar, el sistema de salud muestra debilidades persistentes en estos territorios. El primer nivel de atención —clave para la vacunación, la vigilancia y la atención oportuna— es frágil, con puestos de salud desabastecidos, personal insuficiente y alta rotación. La salud pública territorial opera muchas veces en condiciones de precariedad extrema.

En tercer lugar, la gestión del riesgo ha sido deficiente. La fiebre amarilla es una enfermedad conocida, con áreas endémicas claramente identificadas. Aun así, la planificación se ha centrado más en responder a los brotes que en prevenirlos mediante estrategias sostenidas de vacunación, vigilancia activa y trabajo comunitario.

Finalmente, existen barreras socioculturales que no pueden ignorarse. La desconfianza institucional, la circulación de desinformación y la ausencia de estrategias de comunicación intercultural han dificultado la aceptación de la vacuna en algunos contextos. Estas barreras no se superan con circulares o decretos, sino con presencia territorial, diálogo comunitario y construcción de confianza.

Un dilema ético que interpela al Estado

La persistencia de muertes por fiebre amarilla plantea un dilema ético profundo. El derecho fundamental a la salud y a la vida obliga al Estado a actuar de manera decidida para proteger a la población, especialmente en contextos de emergencia sanitaria. La vacunación no es solo una decisión individual; es una responsabilidad colectiva.

En este sentido, las medidas adoptadas para priorizar la vacunación en poblaciones vulnerables, incluidos niños, niñas y adolescentes, deben entenderse como expresiones del deber del Estado de garantizar la salud pública, incluso cuando ello implique tensionar otras libertades individuales. Sin embargo, la respuesta por parte del Estado no puede ser solo la vacunación, cuando la fiebre amarilla esta reflejando una grave crisis en los ecosistemas de tipo socioambiental por desforestación, migración, conflicto armado, cultivos ilegales y toma territorial por economías irregulares e ilegales.

Más allá de la fiebre amarilla

La fiebre amarilla no es solo una enfermedad viral transmitida por mosquitos. Es un espejo que refleja las inequidades territoriales, las debilidades del sistema de salud y las limitaciones de la acción estatal en Colombia. Mientras estas condiciones persistan, no solo la fiebre amarilla, sino otros eventos prevenibles seguirán cobrando vidas evitables.

Controlar la fiebre amarilla es posible. Pero hacerlo exige algo más que vacunas: requiere voluntad política sostenida, fortalecimiento real del primer nivel de atención, enfoque territorial, acción intersectorial y una comprensión profunda de que la salud pública no se resuelve únicamente desde los escritorios, sino desde los territorios donde están las crisis de los ecosistemas.

Acciones del Ministerio de Salud y Protección Social: Incompletas

El Ministerio en el año 2017 formuló el “Plan Nacional para la Prevención y Control de la Fiebre Amarilla en Colombia 2017 – 2022”, que incluyó las siguientes metas:

  1. Mantener en cero la incidencia de casos de fiebre amarilla en áreas urbanas del país.
  2. Mantener el control de la presencia de nuevos casos de fiebre amarilla en las áreas selváticas del país.
  3. Disminuir la letalidad por fiebre amarilla.
  4. Cumplir con los indicadores de vigilancia de la fiebre amarilla.
  5. Fortalecer la vacunación contra fiebre amarilla a población viajera nacional o internacional que transite
  6. zonas de riesgo: Alcanzar y mantener coberturas de vacunación > 95%, en la cohorte de menores de 10 años.

No se evidenció un documento de seguimiento a estas metas y ninguna se cumplió. La tabla 1 resume cronológicamente las circulares clave emitidas por el Ministerio entre los años 2025 y lo transcurrido en 2026.

Tabla 1: Circulares recientes del Ministerio de Salud para el control de la fiebre amarilla

Documento (fecha)Contenido principal
Circular Externa 004 (6/02/2025)Señala que todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a la vacunación contra la fiebre amarilla, como medida esencial de protección frente al brote activo.   Indica que el suministro de la vacuna debe garantizase incluso si hay objeciones basadas en creencias culturales o personales, ya que la vacunación es una medida de protección colectiva.   Refuerza la obligación del sistema de salud de asegurar la vacunación en esta población prioritaria.
Circular Externa 005 (principios de 2025)Derogada posteriormente.   Amplía inicialmente la población objetivo de vacunación en respuesta al estado de emergencia sanitaria en los departamentos afectados.   Fue después derogada y reemplazada por la Circular 012 de 2025 una vez se consolidó la respuesta nacional.
Circular Externa 012 (04/2025)Actualiza directrices para la organización, planificación y respuesta sanitaria nacional frente a la situación de fiebre amarilla.   Establece lineamientos para vigilancia epidemiológica, investigación de casos, manejo de contactos y acciones de control.   Incluye la obligación de fortalecer la vacunación en zonas de riesgo, la actualización de esquemas y la recolección y reporte sistemático de información.   Reemplaza y deja sin efecto normativa anterior que ya no se ajustaba a la evolución del brote.
Circular Externa 029  (segunda mitad de 2025)Se enfoca en criterios específicos de vacunación en mujeres gestantes residentes en áreas con alta transmisión activa del virus.   Propone que, a partir de la semana 12 de gestación, la vacunación se realice tras una valoración individual del riesgo/beneficio y con el consentimiento informado de la gestante.   Busca equilibrar la protección frente al riesgo de la enfermedad en zonas de circulación viral con consideraciones clínicas individuales.
Circular Externa 001 (01/2026)Define la aplicación de dosis de refuerzo de la vacuna contra la fiebre amarilla en el contexto del brote persistente.   Prioriza población en zonas de muy alta transmisión, trabajadores rurales y otros grupos con exposición continua.   Menciona que la dosis de refuerzo busca aumentar la protección en grupos con mayor riesgo epidemiológico, como parte de la respuesta sostenida.   Orientaciones diferenciadas según condiciones específicas, como mujeres gestantes (Circular 029 de 2025).   Refuerzo de la inmunización en 2026 para disminuir la susceptibilidad en zonas altamente afectadas (Circular 001 de 2026).

Lo qué falta (y es urgente) emprender

  1. Evaluar y actualizar el “Plan Nacional para la Prevención y Control de la Fiebre Amarilla en Colombia 2017 – 2022”,
  2. Definir un plan nacional de control vectorial o entomológico.
  3. Retomar la vigilancia epidemiológica de salud animal para detectar oportunamente las epizootias.
  4. Mostrar las coberturas de vacunación no solo en menores de 1 año, sino identificar todas las poblaciones vulnerables en zonas endémicas y reportar el tipo de población vacunada con variables de persona, tiempo y lugar incluyendo la etnia.
  5. Reportar el antecedente vacunal de todas las personas hospitalizadas o fallecidas por fiebre amarilla.
  6. La fiebre amarilla refleja un problema de crisis de los ecosistemas de origen antropogénico, lo que hace necesario y urgente un trabajo conjunto con Ministerio de Ambiente, las Corporaciones autónomas Regionales y la academia.
  7. La respuesta frente a la fiebre amarilla incluye la vacunación, pero no es solo la vacunación, sino el modelo de desarrollo, de producción y consumo territorial y la forma en que el gobierno nacional y territorial como en el caso del departamento del Tolima están respondiendo a las crisis socioambientales del territorio agravadas por el Cambio climático.