Fiebre amarilla en Colombia: recurrencia y manifestaciones (Parte 1)

La reaparición y persistencia de la fiebre amarilla en Colombia no puede entenderse como un accidente epidemiológico, ni como un fenómeno inesperado. Por el contrario, constituye una señal clara y alarmante de las profundas brechas territoriales, sociales e institucionales que caracterizan al sistema de salud y a la acción del Estado en amplias zonas del país. Que en pleno siglo XXI sigan ocurriendo muertes por una enfermedad prevenible mediante una vacuna altamente efectiva es, ante todo, un fracaso colectivo.
La fiebre amarilla es una enfermedad viral aguda, transmitida por mosquitos, con una letalidad que puede superar el 30 % en los casos graves. No existe tratamiento antiviral específico, pero sí una vacuna segura, de dosis única y con protección de larga duración. Desde el punto de vista técnico y sanitario, se trata de una enfermedad controlable. Desde el punto de vista político y social, su persistencia desnuda inequidades históricas.
En los últimos años, la Organización Panamericana de la Salud ha alertado sobre el aumento de la circulación del virus de la fiebre amarilla en América del Sur, con brotes activos en varios países. Colombia no ha sido la excepción. El país ha registrado casos confirmados y muertes, especialmente en departamentos de la Amazonía, la Orinoquía y zonas de transición andino-selvática, territorios donde confluyen alta ruralidad, dispersión poblacional, pobreza estructural y débil presencia institucional.
Según el Ministerio de Salud y Protección Social en Colombia, en el contexto de la Emergencia en Salud Pública por brote de fiebre amarilla, entre enero de 2024 hasta febrero de 2026 se han confirmado 155 casos de fiebre amarilla, los cuales se distribuyen en 10 departamentos de procedencia, a saber: Tolima con 12 municipios afectados y casos reportados: Ataco (27), Villarrica (22), Cunday (26), Prado (20), Chaparral (14), Rioblanco (9), Purificación (8), Dolores (4), Ibagué (1), Palocabildo (1), Valle de San Juan (1) y Espinal (1). También se han confirmado casos en Putumayo (Orito 4, Villagarzón 2, San Miguel 1, Valle del Guamuez 1), Meta (San Martin 1, Granada 1, La Macarena 1), Caquetá (Cartagena del Chairá 1, El Doncello 1), Nariño (Ipiales 2), Vaupés (Mitů 1), Caldas (Neira 1), Cauca (Piamonte 1), Huila (Campoalegre 1) y Guaviare (San José del Guaviare 1); Asimismo, se han confirmado tres (3) casos de procedencia exterior correspondientes a Venezuela: Estado de Apure dos (2) casos y Estado Amazonas un (1) caso).
En cuanto a la mortalidad acumulada durante 2024, 2025 y lo corrido de 2026, se han registrado 68 fallecimientos, (59 confirmados, cinco casos excluidos de la letalidad y cuatro casos en estudio) lo que representa una letalidad acumulada del 38% (59/155). Los fallecimientos confirmados por fiebre amarilla se distribuyen se distribuyen en nueve (9) departamentos: Tolima (44), Putumayo (6), Meta (3), Caquetá (1), Nariño (1), Caldas (1), Cauca (1), Guaviare (1) y Huila (1).
Con base en el informe de vigilancia del Instituto Nacional de Salud, la distribución geográfica de los casos acumulados de fiebre amarilla en Colombia entre 2024p1 y el periodo epidemiológico XII de 2025p muestra una concentración territorial muy marcada, tanto en número absoluto de casos como en incidencia. En este periodo se confirmaron 114 casos en el país, de los cuales el departamento del Tolima concentra la gran mayoría (104 casos), configurándose claramente como el principal epicentro del evento. Otros departamentos afectados, aunque con menor magnitud, fueron Putumayo (4 casos), Meta (3 casos), Guaviare (1 caso), Caldas (1 caso) y Cauca (1 caso), lo que evidencia un patrón asociado principalmente a zonas rurales, selváticas y de transición ecológica.
Una enfermedad que nos afecta a todos por igual
El perfil epidemiológico de la fiebre amarilla en Colombia es revelador. La mayoría de los casos se presentan en adultos jóvenes, predominantemente hombres, no vacunados, residentes o trabajadores de zonas rurales dispersas. Son personas vinculadas a actividades agrícolas, forestales, mineras —muchas veces ilegales— y a dinámicas de movilidad constante entre territorios selváticos y centros poblados. No se trata entonces de una enfermedad “azarosa”, sino de una que sigue con precisión el mapa de la desigualdad.
Los datos disponibles del Instituto Nacional de Salud muestran que más del 80 % de los casos confirmados recientes no contaban con antecedente de vacunación contra la fiebre amarilla. La letalidad observada ha sido elevada, lo que sugiere diagnósticos tardíos y dificultades de acceso oportuno a servicios de salud.
A esto se suma un riesgo que no debe subestimarse: la posibilidad de urbanización de la fiebre amarilla. La presencia ampliamente extendida del mosquito Aedes aegypti en zonas urbanas y periurbanas del país mantiene latente un escenario de transmisión urbana, con consecuencias potencialmente catastróficas para la salud pública.
¿Qué pasa en el Tolima?
El Análisis de Situación de Salud (ASIS) del departamento del Tolima año 2024 relaciona la situación con el conflicto armado2. Este departamento cuenta con cuatro Municipios priorizados en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), una estrategia creada tras el Acuerdo de Paz de 2016 en Colombia para transformar integralmente los territorios más afectados por el conflicto armado, la pobreza rural, las economías ilegales y la debilidad institucional. La gran parte de sus proyectos e iniciativas se ven contempladas en Planadas, municipio caracterizado por ser rural disperso, un escenario vital para el posconflicto y la paz territorial. El informe ASIS también relaciona estos municipios con los orígenes del conflicto3.
Dentro del Tolima, la afectación por fiebre amarilla no es homogénea y se concentra en municipios del sur y oriente del departamento, caracterizados por alta ruralidad y cercanía a ecosistemas selváticos. Fuera del Tolima, los casos se distribuyeron de forma dispersa en municipios como Orito, Villagarzón, San Martín y San José del Guaviare, lo que confirma un patrón epidemiológico predominantemente selvático, rural y focalizado, más que una distribución generalizada a nivel nacional.
- La “p” junto al año (ej. 2024p) significa que los datos son provisionales o preliminares. Esto indica que las cifras pueden cambiar debido al rezago en la notificación de casos, ajustes semanales por el INS o validaciones posteriores de la información de salud pública.
- Este informe indica que “la dinámica del conflicto armado en Tolima se concentró en el sur del departamento, especialmente en el área del cañón de Las Hermosas, zona Suroccidental, usada desde finales de 2010 como zona de repliegue y refugio para las FARC. Tolima fue una de las diez regiones en donde se desarrolló el plan de guerra Espada de Honor, que empezó́ a implementarse en febrero de 2012 con el propósito de golpear y desarticular a las FARC y al ELN. Dentro de los Municipios más afectados, se encuentran los de la zona Suroccidental: Planadas, Rioblanco, Chaparral, Roncesvalles y San Antonio, que tienen como eje el cañón de Las Hermosas, una zona que fue vital para la subversión por poseer corredores para la movilización entre el Pacífico, los departamentos de Cauca y Nariño y el centro del país”.
- Dice también el ASIS del Tolima que en “ los Municipios PDET del Tolima existen problemáticas homogéneas que afectan en gran proporción tal y como lo es la condición de lejanía, abandono y difícil acceso, sumada a la fuerte estigmatización, fruto de la deriva histórica conflictiva (al identificarse Marquetalia – corregimiento de Gaitania – como cuna de las FARC) ha profundizado la exclusión socioeconómica evidenciada en la baja calidad y rezago educativo, el envejecimiento del sector campesino, brechas en el sector agropecuario y ambiental, así como elevados índices de pobreza”.