Columna

Homeopatía: entre la evidencia y la creencia

Se han denominado medicinas alternativas y complementarias (MAC) al conjunto de teorías o propuestas que buscan aproximarse al diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades de  manera diferente a la convencional: la acupuntura, la homeopatía, el ayurveda o el reiki, entre muchas otras. Las MAC se han diseminado en todo el mundo y se usan de manera generalizada en la sociedad, sin distingo de clases sociales o capacidad económica.

La homeopatía parece ser un caso paradigmático (aunque este texto probablemente pueda abarcar otras MAC) porque tiene una historia claramente delimitada a partir de su creación por el médico alemán Samuel Hahnemann en 1796. Tiene una base social y académica muy amplia en varios países con numerosos institutos de enseñanza; es sometida en algunos de esos países a regulaciones legales para su prescripción, y tiene al menos una revista exclusiva de su temática indexada en MEDLINE desde 2002 (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/nlmcatalog/101140517).

La homeopatía se fundamenta en tres principios básicos: 1. «lo similar cura lo similar» (similia similibus curantur), que sostiene que una sustancia que causa los síntomas de una enfermedad en personas sanas curará lo similar en personas enfermas. 2. Individualización del enfermo y no de la enfermedad. 3. Dosis infinitesimales o micro dosis de sustancia activa, ya que por medio de diluciones y dinamizaciones se obtiene el remedio homeopático.

Más allá de los principios bioquímicos o farmacológicos que sustentan las propiedades de una sustancia potencialmente terapéutica, la eficacia de cualquier intervención que busca beneficiar la salud de las personas se debe demostrar por medio de investigaciones clínicas, específicamente por experimentos clínicos controlados de asignación aleatoria (ECA). ¿Existe evidencia de este tipo para la homeopatía? De una revisión detallada de las bases de datos de investigación médica más representativas (MEDLINE, EMBASE y Cochrane Library) no es posible obtener una conclusión definitiva, ni a favor ni en contra, acerca de la eficacia de la homeopatía para cualquier condición médica. Tantos los ECA como los metaanálisis disponibles (compilación de información de varios ECA en este caso), de muy variado rigor metodológico, muestran resultados contradictorios: en algunos estudios el tratamiento homeopático se comporta similar al placebo y en otros parece superior. No parece encontrarse una única explicación convincente para estos hallazgos. Sin embargo, de manera consistente, aquellos resultados favorables para la homeopatía se encuentran publicados en revistas relacionadas con las medicinas alternativas o complementarias, sus autores están afiliados con instituciones o centros relacionados con estas prácticas, o, más comúnmente, las dos cosas.

De manera que no existe evidencia contundente que sustente un efecto terapéutico de la homeopatía en ninguna condición médica. Pero tampoco parece haber estudios que confirmen, más allá de toda duda, que su potencial eficacia o efectividad es simplemente similar a la de un efecto placebo. En la práctica médica actual de nuestro país, y aparentemente de todo el mundo, se usa continuamente y desde hace muchos años esta terapia, aunque no ha sido científicamente comprobada en cuanto a su eficacia y su mecanismo de acción. Su uso, además, no parece ser periférico dentro del contexto de la salud y la enfermedad, como se evidencia por la existencia de una sala de medicamentos homeopáticos y fitoterapéuticos en el INVIMA y por una gran cantidad de farmacias que ofrecen comercialmente este tipo de productos.

¿Qué hacer ante este fenómeno social?

El cosmopolitismo parece haber rondado la filosofía sociopolítica desde la antigua Grecia (Diógenes de Sínope, el cínico, decía: “yo soy ciudadano del mundo”) y ha devenido en muy diversas versiones a través de los siglos. Alex Broadbent retoma la propuesta general del cosmopolitismo de Kwame Anthony Appiah e identifica en dicha propuesta cuatro posturas distintas: una metafísica, realista; una epistémica, humilde; una moral, igualitaria; y una postura final embebida en la tesis de la primacía de la práctica. Estas posturas generales son aplicadas y reelaboradas por Broadbent al caso particular de la medicina tradicional versus las alternativas, como una perspectiva para abordar los desacuerdos:

  1. Ante hechos sobre los que se discrepa, ya sea acerca de la eficacia de una intervención o acerca de sus potenciales mecanismos de acción, es necesario presumir que posiblemente todas las partes en desacuerdo están, al menos en parte, equivocadas. 
  2. En esos desacuerdos deberíamos tener la actitud de estar dispuestos a cambiar de opinión acerca la eficacia o la base teórica de las intervenciones, teniendo en cuenta las consideraciones o los resultados de investigación presentados por la otra parte. 
  3. Quienes discuten sobre alternativas deben considerar a sus interlocutores con la misma autoridad moral que ellos. Esto no significa que no se puedan emitir juicios, pero esta postura nos lleva a tomar en serio a nuestros interlocutores.
  4. Debemos buscar un acuerdo sobre la práctica por encima de los principios; es decir, deberíamos priorizar la atención y el beneficio a los pacientes sobre los principios teóricos que fundamentan la práctica; aunque unos objetivos en común si pueden ser, además de los estándares básicos de la práctica médica, la detección y el develamiento de los verdaderos charlatanes.

En resumen, no es posible ignorar que la homeopatía y otras MAC, a pesar de la carencia de evidencia o investigación contundentes, hace parte del día a día de muchas personas en Colombia y el mundo; bien sea como una práctica de atención a la enfermedad o como una búsqueda de respuesta de los seres humanos ante cualquier tipo de sufrimiento. Con esa premisa, el cosmopolitismo médico propone una visión realista, humilde, igualitaria y pragmática para abordar la diversidad y los desacuerdos conceptuales o terapéuticos en la medicina. Una fundamentación teórica apropiada de la homeopatía y otras MAC en las escuelas médicas del país y una regulación formal en el marco legal del sistema de salud acerca de su enseñanza y su práctica, podrían ser un paso adicional e importante hacia el entendimiento de las mejores opciones para el cuidado de la salud de nuestros conciudadanos.

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